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Cómo uso Claude para el marketing digital de mi blog, mis redes y mis anuncios

Claude para marketing digital, guía práctica 2026

Si has llegado hasta aquí es porque has visto veinte vídeos diciendo que la IA te va a cambiar la vida, has abierto Claude, te has quedado mirando la pantalla en blanco y has pensado: vale, ¿y ahora qué le escribo?

Te entiendo, porque yo estuve ahí. Soy Fabián, monté este blog para analizar formaciones online sin que me la cuelen (tienes el contexto completo en quién soy y por qué hago esto). Y llevo meses trabajando con Claude todos los días: el blog, los vídeos de redes sociales y las campañas de anuncios.

Esto no es una lista de 50 prompts mágicos. Voy a contarte qué he montado de verdad en estos meses, incluidas las veces que la lió y las veces que me frenó de hacer una tontería.

Y sin promesas de ingresos, que aquí no va nadie a hacerse rico en 30 días.

Reparto de tareas con Claude en blog, redes sociales y anuncios
Índice de contenidos

    ¿Qué es Claude y en qué se diferencia de ChatGPT para trabajar?

    Claude es el asistente de IA de Anthropic. Escribes, te contesta. Hasta ahí, igual que el resto.

    La diferencia práctica, después de usar los dos a diario, es esta:

    • Aguanta textos largos sin perder el hilo. Le paso una guía de 40 páginas y un borrador de 3.000 palabras y al final sigue sabiendo de qué hablábamos. Para reseñas largas eso es la diferencia entre que te sirva o no.
    • Escribe menos «a lo IA». Con instrucciones claras de tono suena bastante menos a folleto corporativo. Sigue habiendo que revisarlo, ojo.
    • Te lleva la contraria si se lo pides. Y esta es la que más trabajo me ha ahorrado, como vas a ver.

    ¿Es mejor que ChatGPT? Para textos largos y trabajo con documentos, a mí me rinde más. Para generar imágenes, ni se acerca. No te cases con ninguna, son herramientas, no religiones.

    ¿Cuánto cuesta Claude y qué plan necesito?

    Datos de la web oficial de Anthropic, comprobados el 30 de agosto de 2026:

    PlanPrecioPara quién
    Free0 $Probar y ver si te entiendes con él
    Pro20 $/mes (17 $/mes pagando el año entero)El que uso yo. De sobra para llevar un blog
    Max 5xDesde 100 $/mesSolo si te quedas sin límite de uso a diario
    Max 20xDesde 100 $/mesVolumen alto, agencias

    Los precios están en dólares en la web oficial y en el checkout se suma el IVA, así que cuenta con algo más de lo que ves anunciado. Compruébalo tú antes de pagar, que esto cambia cada pocos meses.

    Mi consejo sin adornos: empieza en Free. Si en dos semanas te has quedado sin mensajes tres veces, pasa a Pro. Si no te quedas nunca sin mensajes, el problema no es el plan, es que no lo estás usando.

    Y no, no necesitas Max para empezar. Que alguien te diga que sí es señal de que te está vendiendo algo.

    ¿Qué he montado con la IA en estos meses?

    Aquí está la carne del artículo. Tres frentes, y en los tres el reparto de trabajo es distinto.

    El blog: reseñas largas de principio a fin

    Es donde más peso lleva. El flujo que sigo en cada reseña es siempre el mismo:

    Primero, investigar la competencia. Le paso los cuatro resultados que salen primeros en Google para la búsqueda que quiero atacar y le pido que me diga qué cubren todos y qué no cubre ninguno. Ese hueco es el motivo de existir del artículo. Sin eso escribes la página número quince que dice lo mismo.

    Segundo, verificar los datos con el navegador. Y esto es lo que más ha cambiado mi forma de trabajar. Con la extensión conectada, entra en la página de ventas y en el checkout real, y comprueba el precio de verdad, la garantía y si el producto se puede comprar hoy.

    La primera vez que lo hice me encontré con que un banner prometía un descuento permanente y el checkout solo aplicaba el descuento al primer pago. Eso es exactamente la letra pequeña que este blog existe para contar, y sin comprobarlo no aparece.

    Otra vez descubrí que un producto sobre el que iba a escribir no tenía programa de afiliados abierto. Tres comprobaciones, tres veces lo mismo. Iba a escribir 3.000 palabras sobre algo que no podía enlazar. Veinte horas salvadas en veinte minutos.

    Panel de afiliación usado para verificar precios y condiciones
    Comprobando condiciones en el panel real, no en la página de ventas. Los productos van tapados a propósito.

    Tercero, estructura y borrador. Le pido el esquema de encabezados con las preguntas reales que se hace la gente. Corregir un esquema son diez minutos, corregir 3.000 palabras mal montadas es una tarde perdida. El borrador lo hace él. La versión final la escribo yo.

    Cuarto, las imágenes. No las dibuja: me escribe el código en Python que las dibuja. Ilustraciones planas con mis colores de marca, mi tipografía y el tamaño exacto que necesito. Pido una variación y la tengo en treinta segundos. Cero problemas de derechos y cero fotos de banco que ha usado ya todo el mundo.

    Las dos ilustraciones de este artículo, sin ir más lejos, están hechas así.

    Quinto, publicar. Esta es la que más tiempo ahorra y la que menos se cuenta por ahí. Sube las imágenes a la biblioteca, monta la entrada con sus bloques, rellena el título y la descripción para buscadores, y la deja en borrador para que yo la revise. De una hora peleándome con el editor a diez minutos.

    Borrador del artículo montado en el editor de WordPress
    El escritorio de mi WordPress. El borrador llega montado y yo solo reviso y publico.

    Con este flujo tengo publicadas diez reseñas y un par de comparativas. Y una jugada que salió mejor de lo que esperaba: tres reseñas de herramientas del mismo sector más un artículo que las compara y las ordena. Ese último reparte visitas a los otros tres y es el que más rinde de todos. Lo tienes aquí: las mejores herramientas SEO baratas.

    Las redes sociales: producción en cadena

    Aquí el reparto es distinto: la IA no crea, fabrica en serie lo que yo decido.

    El día que monté los perfiles produje dieciséis vídeos verticales en una sola jornada, repartidos para tres redes distintas con sus formatos y sus textos adaptados. No a mano: escribiendo un pequeño programa que corta, monta y subtitula, y que después he reutilizado en cada lote.

    También lleva el trabajo aburrido que nadie cuenta: los textos de cada publicación, el calendario, las biografías con su límite de caracteres, la revisión de los subtítulos antes de subir nada.

    Y aquí me frenó dos veces. Dos de esos dieciséis vídeos no llegaron a YouTube porque hablaban de contenido financiero y podían dar problemas con las normas de la plataforma. Lo detectó él antes de subirlos. Yo no lo habría mirado.

    Los anuncios de Facebook: donde más disciplina hace falta

    Este es el frente donde la IA es menos creativa y más útil como copiloto.

    Antes de lanzar nada monté las reglas por escrito: solo una plataforma durante los primeros noventa días, nunca enviar tráfico de pago directo a un enlace de afiliado (siempre a una página propia con el píxel puesto), mínimo tres ángulos distintos por prueba, cambiar una sola variable cada vez, no tocar nada durante 72 horas y apagar lo que gaste el triple del objetivo sin resultado.

    Esas reglas están en un documento que él consulta cada vez que trabajamos en anuncios. Ese es el truco: las reglas escritas fuera de tu cabeza y dentro de su contexto. Así no puede proponerte una tontería, porque tiene delante lo que está prohibido.

    Su trabajo concreto: escribir los ángulos distintos para probar, los guiones, las variaciones del mismo texto, y revisar que ninguno prometa ingresos, que es lo que te tumba una cuenta publicitaria. Además me lleva el registro diario del gasto y me hace la revisión de métricas cada mañana.

    Y una decisión que salió de discutirla con él en vez de lanzarme a lo loco: la primera campaña iba a por contactos baratos, no a por ventas. Aprender cómo responde tu público antes de escalar nada. Cuando le planteas un plan y le pides que lo cuestione, esa clase de cambios aparecen solos.

    Y las cosas aburridas que nadie cuenta

    Auditar la web publicada página por página. Revisar por qué el sitio cargaba lento en el móvil. Analizar la herramienta de estadísticas y descubrir que la mitad de mis visitas eran robots, no personas. Medir cuánta autoridad tiene mi dominio frente a la competencia (respuesta: cero, y ellos comprando enlaces). Ordenar dos gigas y medio de archivos duplicados en mi disco.

    Nada de esto sale en los vídeos de «gana dinero con IA». Es la mitad del trabajo real.

    ¿Y cuándo la ha liado?

    Si solo te cuento lo bueno, te estoy vendiendo humo. Los fallos reales de estos meses:

    Se inventa datos con una seguridad pasmosa. Precios, fechas, credenciales de personas. Una vez estuve a punto de publicar una certificación profesional falsa de una formadora: el dato venía de la reseña de un competidor que también se lo había inventado. Se copian entre ellos y el bulo circula. Cada dato que publico lo compruebo en la fuente. Sin excepción.

    Un botón mal situado y una publicación fuera de tiempo. Trabajando en una red social, dos botones distintos caían en el mismo sitio de la pantalla y se publicó un contenido que iba programado. Culpa compartida, pero pasó.

    Da por bueno lo que ve como administrador. Verifiqué unas mejoras en la web y todo estaba perfecto… para mí. El público veía otra versión distinta, sin los botones, porque el sistema de caché servía una página antigua. Desde entonces todo se comprueba abriendo la web como visitante, no como dueño.

    Se atasca en detalles tontos. Un texto del menú aparecía en inglés y estuvimos un rato largo hasta encontrar que la traducción existía pero estaba guardada en una carpeta que el sistema no lee.

    La lectura de todo esto: no es un empleado, es un becario muy rápido y muy leído al que hay que revisarle el trabajo. Cuando lo tratas así, rinde muchísimo. Cuando le das por bueno lo que dice, te mete en un lío.

    ¿Cómo se escribe un prompt que funcione?

    Olvídate de las fórmulas de doce campos. Con cuatro cosas vas sobrado: contexto, tarea concreta, formato y qué no quieres.

    Las cuatro piezas de un prompt eficaz para marketing digital

    Un ejemplo malo, de los que escribía yo al principio:

    «Escríbeme un post sobre marketing de afiliados.»

    Resultado: 800 palabras de relleno que valen para cualquiera y no sirven a nadie.

    El mismo encargo, bien planteado:

    «Escribo un blog en español de España donde analizo formaciones online. Mi lector tiene 35 años, trabaja por cuenta ajena y teme gastarse 1.000 € en un curso que sea humo. Escribe la introducción de un artículo sobre marketing de afiliados: 3 párrafos, primera persona, tono coloquial de tú a tú, párrafos de 3 líneas máximo. Nada de promesas de ingresos ni lenguaje de gurú. Empieza por el miedo del lector, no por la definición.»

    Es más largo de escribir. Y te ahorra tres rondas de correcciones.

    Los dos trucos que más me sirven:

    1. Pídele que te haga preguntas antes de escribir. «Antes de redactar, hazme las 5 preguntas que necesitas para que esto salga bien.» Te preguntará cosas que tú no habías pensado.

    2. Dile explícitamente que te lleve la contraria. En mis instrucciones fijas tengo escrito que cuestione mis ideas antes de ejecutarlas y que me diga si algo es mala idea.

    Esta segunda me ahorró tres semanas hace nada. Le planteé un plan de publicación con una fecha concreta en la cabeza y me respondió que no llegaba a tiempo: un blog con poca autoridad tarda de tres a seis meses en generar visitas por un artículo nuevo, así que publicar en septiembre para tener tráfico en octubre no sale.

    Tenía razón, y yo estaba mezclando dos cosas distintas. Sin esa línea en las instrucciones, una IA te da la razón en todo. Y una máquina que te da la razón en todo no vale para nada.

    ¿Por dónde empiezo si no he tocado la IA en mi vida?

    Media hora, cuatro pasos, sin tarjeta.

    1. Abre una cuenta gratis y dedícale el primer día a preguntas de tu trabajo real. No «escríbeme un poema», sino «tengo una tienda de X, ¿qué me falta en la ficha de producto?». La sensación de utilidad llega cuando le hablas de lo tuyo.

    2. Crea un Proyecto y mete tu contexto dentro. Esta es la parte que casi nadie hace y la que más cambia el resultado. Un Proyecto es una carpeta con memoria: le subes tus documentos, tus reglas y ejemplos de tu forma de escribir, y dejas de repetírselo cada vez.

    Yo tengo ahí mis guías de trabajo, mi manual de estilo, las reglas de los anuncios y las reseñas ya publicadas. Sin eso te escribe genérico. Con eso te escribe como tú.

    Proyecto de Claude con los documentos de contexto del blog
    Mi proyecto con el contexto cargado. He tapado los nombres de los trabajos en curso.

    3. Escríbele unas instrucciones fijas. Tres o cuatro líneas: quién eres, a quién le hablas, qué tono usas y qué está prohibido. Las mías incluyen literalmente «nada de gurú con Lamborghini» y «si una idea mía es mala, dímelo».

    4. Dale una tarea de verdad y corrígele. La primera versión será mediocre. Dile por qué. La segunda ya se parece. Es una conversación, no una máquina de vending.

    ¿Se puede vivir de esto? Hablemos de expectativas

    Aquí es donde este artículo se separa de los demás, así que léelo despacio.

    Claude no genera ingresos. Multiplica el trabajo que ya sabes hacer. Si sabes escribir y vender, te multiplica. Si no sabes ni lo uno ni lo otro, multiplica cero, y cero por tres sigue siendo cero.

    Las vías reales por las que se factura, de menos a más difícil:

    1. Ahorrarte lo que pagabas fuera. No es ingreso, es margen, pero cuenta. Un redactor freelance cobra entre 50 y 150 € por un artículo largo. Si publicas cuatro al mes y ahora los haces tú en la mitad de tiempo, la cuenta la echas tú.

    2. Vender el servicio a otros. Textos, contenido para redes, informes, atención al cliente. Es la vía más rápida a facturar porque cobras por horas ahorradas, no por resultados futuros. También la más aburrida.

    3. Contenido propio monetizado (blog, YouTube, afiliación). Es lo que hago yo, y la más lenta con diferencia.

    Los plazos, sin maquillaje. Un proyecto nuevo no posiciona en Google de un mes para otro, use IA o no. Hablamos de seis meses a un año publicando en serio antes de ver tráfico que valga algo, y eso eligiendo bien los temas. La IA te deja publicar más rápido, no te deja saltarte la cola de Google.

    Y ojo con el efecto secundario: si a ti te deja publicar el triple, también se lo deja a los otros mil. Por eso lo que decide ya no es la cantidad, es qué aportas que no esté en las otras cien páginas.

    No voy a enseñarte capturas de ingresos, ni ahora ni más adelante, porque no es lo que este blog vende. Si alguien te enseña 4.000 € en un mes «usando solo IA», casi siempre está vendiendo el curso de cómo ganar 4.000 € usando IA. El negocio es el curso, no la IA.

    ¿Cuáles son los errores que más tiempo me han costado?

    Pedirle textos sin darle contexto. Es el 90% de la gente que dice «la IA escribe fatal». Le escriben dos líneas y esperan magia.

    Fiarme de un dato sin comprobarlo. Comprobar cuesta dos minutos. Una metedura de pata pública cuesta tu credibilidad entera.

    Publicar tal cual para ganar tiempo. El texto sale plano, sin nada tuyo dentro, y compite con otras mil páginas igual de planas. No ahorras tiempo, lo tiras.

    No dejar que me lleve la contraria. Durante semanas le pedía que ejecutara, no que opinara. El día que le dije «discúteme las ideas antes de hacerlas» empezó a ahorrarme semanas.

    Cambiar de herramienta cada semana. Dos meses probando cosas en vez de trabajar. Elige una, apréndetela y ponte a producir.

    ¿Merece la pena entonces?

    Depende de una sola cosa: si tienes trabajo repetitivo de texto o de datos, sí. Si buscas una máquina de hacer dinero, no.

    • Sí, si ya escribes, ya vendes o ya llevas un proyecto y quieres hacer el triple en el mismo rato.
    • Sí, si lo tratas como una herramienta profesional, con sus semanas de curva de aprendizaje.
    • No, si esperas que rellene tu falta de criterio o de conocimiento del sector.
    • No, si buscas publicar 50 artículos automáticos y esperar sentado. Eso Google ya lo detecta y lo hunde.

    Mi resumen en una línea: es la mejor herramienta de trabajo que he incorporado en años, y por sí sola no vende nada. Las dos cosas son verdad a la vez.

    Preguntas frecuentes

    ¿Necesito saber programar para usar Claude?

    No. Yo no sé programar y le pido código para generar imágenes y para montar vídeos sin problema: se lo describo en castellano y él lo escribe. Saber programar abre más puertas, pero no es el punto de entrada.

    ¿Google penaliza el contenido escrito con IA?

    Google penaliza el contenido malo, sea de quien sea. Lo que hunde una página es no aportar nada nuevo. Si publicas lo que ya dicen otras cien páginas, da igual quién lo haya escrito.

    ¿Puede navegar por internet y comprobar cosas por mí?

    Sí, con la extensión de navegador conectada. Es lo que uso para verificar precios en el checkout y condiciones de garantía. Sin ella solo puede buscar, no entrar en tus paneles.

    ¿Sirve para llevar anuncios de pago?

    Como copiloto, sí: ángulos, guiones, control de que no prometas ingresos y seguimiento del gasto. Las decisiones de presupuesto y de cuándo apagar una campaña las tomas tú, con reglas escritas de antemano.

    ¿Vale la pena el plan de pago o me apaño con el gratis?

    Para probar y uso ocasional, el gratis va bien. Si trabajas con textos largos a diario te quedarás sin cuota, y ahí compensa el Pro.

    ¿En cuánto tiempo aprendo a usarlo bien?

    Utilidad básica, una tarde. Sacarle partido de verdad, entre cuatro y seis semanas usándolo a diario en tu trabajo real. No hay atajo.

    Conclusión: ¿te sirve a ti?

    Sí, si ya tienes un proyecto en marcha y quieres quitarte el trabajo mecánico de encima para dedicar tu cabeza a lo que solo puedes hacer tú.

    No, si vienes buscando el atajo. Ese atajo no existe, y quien te lo venda te está vendiendo humo caro.

    Y si te llevas una sola cosa de todo esto, que sea la que a mí me costó meses entender: lo que más valor da no es pedirle que escriba, es pedirle que investigue y que te discuta. Escribir sabe cualquiera. Comprobar el precio real en un checkout antes de recomendar algo, o decirte que tu plan no llega a tiempo, eso sí que vale los veinte dólares al mes.

    Empieza gratis esta semana, mete tu contexto dentro y dale una tarea real de las tuyas. En siete días sabes si te sirve, y no te habrá costado ni un euro averiguarlo.

    Y si todavía no tienes el proyecto montado, empieza por aquí: te cuento cómo monté este blog desde cero y lo que cuesta de verdad, con mi factura delante.

    Si lo que buscas ahora son herramientas concretas para tu proyecto, te dejo mi comparativa de las mejores herramientas SEO baratas, donde cuento cuál uso yo y por qué.

    Publicado: 30 de agosto de 2026 · Próxima revisión: febrero 2027

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